domingo, 14 de diciembre de 2014

Cinemania

Cinemania (Angela Christlieb y Stephen Kijak, 2002) es un documental que sigue a un grupo de cinefilos neoyorquinos súper hardcore que ven unas 1000 películas al año.

Son cinco personajes muy extraños, fácilmente buleables, con problemas mentales de algún tipo, no tienen un empleo fijo, viven de algún tipo de seguridad social, excepto uno que tiene algo de dinero heredado. No están casados ni con hijos, aparentemente, uno vive con su mamá, otro con un compañero de piso. Viven con el mínimo, comen el mínimo, y todo lo que tienen lo invierten en las películas. Tienen calendarios de todos los festivales, muestras y presentaciones que se llevan a cabo en la ciudad (de hecho viven ahí porque es una de las ciudades con más cinefilia), en museos, salas de cine, clubes, cinemas de centro comercial y demás, y son expertos en armar sus propios itinerarios semanales para no perderse casi nada. Cada pérdida es dolorosa, a pesar de que seguramente ya vieron la película varias veces.
La primera impresión es de penita, de distancia, pero conforme pasan los minutos y uno los escucha y acepta sus circunstancias y rarezas, se va uno dando cuenta de que no son personas solitarias, no están perdidas, no son asociales. Solo es que ven muchas, muchísimas películas. Y no hay manera de aplicar esa tan despectiva frase de que no tienen vida propia y por eso ven pelis, porque SU vida es el cine, está alrededor de las historias, los actores, los personajes. Dicen muchas cosas interesantes sobre sus películas favoritas, sobre el cine, sobre la cultura cinéfila.
Uno se da cuenta de que son extremadamente apasionados, obsesivos y conocedores del tema; unos sobre géneros específicos, como la Nueva Ola francesa, otros sobre actores antiguos; unos leen y se informan muchísimo, son puristas y se niegan a ver videos, otros ven absolutamente todo lo que se les cruza, con plena conciencia de su calidad. Roberta, la mujer del grupo y la que se ha metido en más líos, es además coleccionista empedernida de todo tipo de memorabilia de cine, sobretodo de los programas de mano y catálogos de los festivales. Harvey tiene una amplísima colección de LP's de soundtracks, y Jack compra libros de cine por cajas. Su pequeño cuarto está atestado de libros. De hecho, los pequeños cuartos de todos están atiborrados de cosas, en un desesperante caos, seguro es porque no hay tiempo ni espacio para ordenar.

Para ellos, la experiencia cinematográfica debe ser total y se aseguran de no tener interrupciones, se sientan en lugares específicos, llevan abrigos suficientes para no se molestados por el frío, uno se ha inventado una dieta baja en fibra para no tener que ir al baño en plena función. Bill, que desea casarse con una parisina para mudarse a Paris y ver puras películas francesas, se preprara unos enormes sandwiches de crema de cacahuate para ahorrarse la pizza de la comida que es más cara. 

Suena y es extremoso, pero así han decidido vivir y no tienen ninguna intención de cambiar. Saben que no son "normales", pero ¿qué es normal?
Son amigos entre ellos, pasan el rato juntos, son cordiales, se dan consejos, saben lo que les gusta, y sobretodo se respetan y no se juzgan. Saben quienes son y no les importa lo que opinen los demás, siempre y cuando les dejen ver las películas en paz.

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