Mostrando entradas con la etiqueta Comida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comida. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de diciembre de 2017

The trip to Spain

Steve Coogan, Rob Brydon y el director Michael Winterbottom, están de regreso con un nuevo viaje. Esta vez los amigos van a España. 

Si no han visto las anteriores, no se apuren, no pasa nada. Solo se trata de un viaje de trabajo en la que estos dos tipos recorren lugares increíbles y comen comida aún más increíble. En el camino hablan sin parar, cantan, compiten, imitan actores famosos (Sean Connery, Michael Caine, Roger Moore, Ian MacKellen, etc.), mientras cumplen con ciertos requisitos del trabajo. Aquí, como están en España, el departamento de publicidad les pide que viajen a La Mancha para sacarse unas fotos como Don Quijote y Sancho Panza. 
Su recorrido empieza en Santander y van bajando al sur, rodeando Madrid y evitando todos los lugares esperados. En cada lugarcillo van a parar a mágicos restaurantes que sirven unas delicias, a las que este par de bestias no dan el suficiente crédito por andar imitando famosos. ¡Aj qué envidia!

Una idea como esta puede fácilmente caer en la mamonería, pero tanto el director como Coogan han logrado un equilibrio entre las elucubraciones sobre la vida y tomarse a sí mismos muy en serio.

En esta nueva entrega hay un poco más de historia, y Rob Brydon tiene un papel un poco más presente. Como siempre Coogan alardea de su maravillosa carrera y excitante vida, mientras la de Rob es la de un tipo con mujer y niños chiquitos y ruidosos. Coogan se ha quedado sin agente, la novia está embarazada de otro y el hijo de veinte va a ser papá. Rob regresa a casa después de visitar Málaga y Steve se queda unos días más por ahí. Nada le funciona y se lanza en lo que será un extraño final, pues después de cruzar a África, sin decirle a nadie, se pierde, se le descompone el coche y su suerte queda en manos de unos sospechosos árabes armados hasta los dientes.

Este cambio  en la narración es divertido. No sé si es que el siguiente proyecto será The Trip to Morocco, yendo Rob al rescate, tal vez. Y ahí estaré yo para viajar con ellos y que se me haga agua la boca con el cous cous o lo que les pongan en frente.

lunes, 30 de mayo de 2016

Jiro dreams of sushi

¡Ah pero qué gustazo haber visto este documental! 
Dirigido por David Gelb, (imagino que gracias a éste pudo hacer la serie documental de Netflix A Chef's Table),
Jiro dreams of sushi, nos acerca a este muy particular chef de sushi y tesoro nacional del Japón. Jiro Ono, ha hecho sushi toda su vida. No le gusta descansar, ni en día feriado. Todo su mundo transcurre alrededor de su restaurancito de sushi, solo sushi. Un restaurancito, llamado Sukiyabashi Jiro, como para diez comensales, situado, creo, dentro de una estación de metro, en Tokio. 
Según algunos conocedores, es uno de los restaurantes más caros del mundo. Uno tiene que reservar con un mes de anticipación y la comida te cuesta mínimo 30,000 yenes (vayan a su convertidor monetario favorito e infártense).

Con una música y una estética limpia y elegante, el documental, además de interesarnos y fascinarnos por Jiro y su mundo, nos provoca descaradamente, con close ups gastronómicos. Food porn le llaman por ahí. Y sí. Uno come (bueno uno no, a menos que uno se lance al restaurante, o bueno...uno come, en su cabeza) alrededor de 20 sushis, en tres tiempos un menú cuidadosamente pensado y diseñado que ha evolucionado con los años. Un menú, al parecer, que juega con lo moderno y lo clásico, con sabores contrastantes y materia prima de la más alta calidad. Un menú y un chef, evidentemente, que se han hecho merecedores de tres estrellas Michelin. Aunque sospecho que eso a Jiro, le tiene perfectamente sin cuidado.

Jiro es rutinario y, aunque lleva haciendo lo mismo durante mucho tiempo, mantiene el discurso de que hay que mejorar, mejorar la técnica, mejorar la calidad, mejorar el menú.

Un punto de conflicto es que la materia prima no ha mejorado con el tiempo, sino todo lo contrario. El atún ya no es como era antes, y algunos productos, simplemente ya no se encuentran.

Pero no es solo Jiro como personaje, o sus hijos, o sus aprendices, lo interesante de esta historia, sino la "japonisidad" de los japoneses. Las maneras de funcionar, de trabajar, de ver el mundo.

Los dos hijos de Jiro han aprendido el oficio, el chico ha abierto un restaurante y está tratando de construir su propio camino, el grande no puede, es el heredero y tiene que esperar a que su padre se retire para tomar el mando. Pero Jiro de 85 (90 ahora) no tiene para cuando, y aun cuando lo haga, él, Yoshikazu, nunca estará ni tantito cerca de la reputación de Jiro. Puede llegar a ser mejor, pero es poco probable que alguien se lo reconozca.
Y así como este ejemplo, vemos eso en el vendedor de camarones, y en el vendedor de atún. Seguro que ellos también han seguido los pasos de padres y abuelos y hacen su trabajo con precisión y habilidad. Las escenas en el mercado de pescados son de lo más interesantes.

Bueno, todo me pareció interesante. Hay una tranquilidad, una confianza en la manera en que ocurren las entrevistas que, junto con la manera de producir el documental, se logra un retrato bastante claro de los personajes y el entorno. Esto mismo percibo en la serie de Netflix, que me chiquiteo porque es cortita. ¡Me espera la segunda temporada!

 

lunes, 29 de diciembre de 2014

The trip to Italy

Este es un curioso experimento. Originalmente concebido como una serie de televisión, tanto esta como su primera parte "The Trip", fueron editadas y presentadas como películas obteniendo buenas reseñas.

Como dice Brydon, esta es como El Padrino 2, cuando se hacen comparaciones de segundas partes que son mejores que las primeras.  Contiene los mismos elementos, comida con muy buena pinta, paisajes preciosos, diálogos sobre escritores, y un montón de imitaciones de actores conocidos... pero en Italia.

No le hago justicia si digo que sólo se trata de dos tipos hablando sin parar. Es básicamente eso, pero esta muy bien. Es como cuando uno platica de forma fluida con un amigo con el que se siente a gusto. Cuando uno puede pasar de una plática profunda a la estupidez más chistosa, cuando uno está tan en sintonía que las bromas y los chistes salen uno tras otro y es fácil seguir la corriente y entrar en el juego. Coogan y Brydon logran esto en varias ocasiones y es verdaderamente divertido. Los diálogos alrededor del soundtrack de viaje con Alanis Morrisette, son muy entretenidos. Sospecho que la mayor parte de las veces son improvisaciones, se nota que se conocen bien y son lo suficientemente buenos como para sacar adelante los absurdos y las competencias de imitación. Esto de las imitaciones es como la parte fuerte de sus conversaciones y se retan ¿quién es el mejor Caine? ¿o el mejor Pacino? A mi me encantó el Hugh Grant de Brydon y la conversación sobre los diferentes 007.

Además de recorrido gastronómico, siguen, por interés personal, un tour literario (en la primera también lo hacen) con Byron y Shelley. A mí me gustó más el tour cinematográfico no planeado y las conversaciones sobre cine con los otros personajes.

Desde el principio aclaran que no saben de comida, pero a mí me hubiera gustado que le dedicaran más tiempo a disfrutarla. Se aprecian mejor los paisajes que la onda gastronómica y creo que no hubiera sido difícil darle un mejor lugar a esos deliciosos platos de pasta.

Steve Coogan me divierte bastante y estas películas me gustaron, aunque estoy segura de que no son para todo público. Creo que mucha gente puede sentirse un poco perdida con todos esos diálogos, con las referencias culturales y cinematográficas de otros tiempos y con las imitaciones y las sutilezas de los diferentes acentos británicos. Yo no entendí todo, pero sí que la disfruté.

domingo, 27 de julio de 2014

Amor a la Carta

Le hubieran puesto "El portaviandas". Me parece que a cada película de comida y romance que sale le ponen el nada original título de "Amor a la carta". Bueno pues este Amor a la carta ocurre en la India.

Por error, el portaviandas que manda la solitaria Illa a su ausente marido, le llega al solitario, aburrido y un tanto amargado Saajan Fernandes que está a punto de jubilarse. A partir de ese momento estos dos personajes entablan una amistad a base de mensajitos colados en el portaviandas. Entre comida y comida (¡quiero recibir un portaviandas así cada día!), los viajes en tren, la cotidianeidad, sus vidas ya no son tan solitarias, las partes dolorosas lo son menos, el mundo a su alrededor se vuelve más nítido. Saajan entabla a su vez una amistad con un personaje muy particular, Shaikh, el sujeto que lo va a sustituir cuando se retire. Y mientras Saajan hace nuevos planes en relación a la jubilación, Illa toma valor para decidir cambios en su futuro y el de su hija.

Me gustó mucho esta película. Las actuaciones son muy buenas. La historia sencilla, tiene el balance adecuado entre drama, romance, comedia, la presencia de Shaikh y de la auntie, es muy buena.

Sí, no es de lo más original, ni tiene giros de tuerca, y sí, es un poco precedible en algunos aspectos, pero funciona tan bien que nos mete en la historia, en el mundo y nos convence; no es nada trivial y sus problemas son perfectamente comprensibles y conocidos y gracias al enfoque, al humor, no es ni cursi ni un dramón.

Pero lo que más me gustó fue el aspecto cultural. Que para mí es un plus. En la India, donde sé que la peli ha sido un éxito, tal vez esa parte no lo sea tanto, no lo sé. A mi me alucinó, en buen plan. Todo el inicio con el asunto del viaje de las loncheras me dejó boquiabierta. Los empleados contratan un servicio de entrega de lunch; a algunos se los preparan sus esposas a otros una fonda o similar. Los "lonchereros" hacen un largo recorrido para entregar los almuerzos a la persona adecuada (aunque a veces se equivocan). Un sistema tan complicado, cuando tal vez podrían comer en un restaurant cercano, o llevar ellos mismos su almuerzo, es algo incomprensible. Claro que, da trabajo a los "lonchereros"...
Y la otra cosa favorita fue la comida, ¡uff qué buena pinta tenía!

sábado, 27 de febrero de 2010

Tampopo

Finalmente, después de mucho tiempo de haber escuchado sobre ella, vi Tampopo (Juzo Itami, 1985).
Es una comedia japonesa, que habla sobre el placer de comer. Los personajes hablan de comida, cocinan y piensan en ella con tanto interés y dedicación que se antoja. Se antojan los fideos de Tampopo, se antoja la carne envuelta en lechuga, se antoja todo lo que sale de las vaporeras de bambú en el tren, y hasta se antojan esos como tacos en tortillas, supongo que de arroz, rellenos de no sé qué.

Esta es la historia de una tímida viuda llamada Tampopo que tiene un changarro de ramen que no funciona. Los fideos no están buenos y ella no sabe cómo mejorarlos. Goro, uno de sus clientes, decide ayudarla. Juntos recorren la ciudad, estudiando a la competencia. Toma ideas, se vuela recetas y practica y practica. En el camino, Tampopo se topa con diferentes personajes que le ofrecen su ayuda. Un doctor experto en fideos, un chofer experto en caldos, un amigo de la infancia que le regala su receta favorita y le arregla el local. Ellos le aconsejan y opinan, que a los fideos les falta carácter, vigor, profundidad.
La película fluye y se mueve de una escena a otra sin parar, mezclando personajes e historias, todas relacionadas con la comida. Un grupo de señoritas que está aprendiendo a comer espaguetis según la maestra, siguiendo las costumbres occidentales, enrollándolos en un tenedor, luego pasándolos a una cuchara y comiéndolos sin hacer ningún ruido. Pero, ¿quién sabe más, la maestra o el extranjero ese que está comiendo lo mismo de una manera muy distinta? Esta es una de mis escenas favoritas. Y otra, una viejita que se mete a un supermercado para apachurrar la fruta, los quesos y los panes, mientras es perseguida por el encargado que finalmente la atrapa y le da un manazo con un matamoscas. Tronchante.

La peli está llena de guiños a la cultura occidental, principalmente la americana, con referencias a películas del oeste (el personaje principal parece un llanero solitario con sombrero de cowboy y paliacate en el cuello) y de gángsters , con una música también muy de película clásica americana. El efecto es muy curioso.

No puedo evitar pensar en la hechura de esta película y compararla con la escena inicial en la que Gun, el amigo de Goro, lee un libro sobre un experto en comer ramen. Hay que primero ver el plato con todos los ingredientes, olerlo, hundir el cerdo en el caldo y comer primero los fideos, combinarlos con los hongos y comer un poco de cerdo. Luego tomar tres sorbos de sopa, y así. Si el ramen está bueno, el cocinero espera un plato vacío. De esta misma manera, el director introduce sus elementos y los va mezclando conforme la película avanza, para que al final, al igual que los amigos de Tampopo cuando se acaban el plato de sopa, nosotros nos quedemos con el gusto y el placer de haber visto una película inolvidable.
Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.