
La película ocurre en algún pueblillo cerca de la frontera con Canadá, a unos pasos de la reservación Mohawk. El lugar es pobrísimo, frío e inhóspito, lodoso.
Frozen River (Courtney Hunt, 2008), no es una peli alegre, optimista, que levante el espíritu, o que tenga una moraleja al final. Es bastante sombría, de hecho. A Eddy le va del asco, hay días en que les da de comer a sus hijos palomitas y tang, se van a llevar la tele (extraños contrastes, pues es una tele grande de pantalla plana). No parece tener vida social, familia, amistades. Sin embargo Eddy no se rinde, no se queja, no pierde el control, ni se enoja. Tiene una meta, que es conseguir la casa para navidad, y lo va a lograr, aunque se meta en líos. Y también es la historia de Lila. Lila, que no mantiene un trabajo estable, es sospechosa de traficar con ilegales, y no es bien vista entre los miembros de la reservación. Lila tiene un bebé pequeño que le fue arrebatado por la abuela paterna y no se lo deja ver. Lila trafica y guarda el dinero para su bebé, pero es rechazado. Y la relación entre ellas no es para nada uno de esos lazos a la "Thelma y Louise", pero es real y solidario.
Y así son las cosas, no hay explicaciones de más, no hay melodrama (aunque la situación sea muy dramática). La vida sigue, los días pasan, no hay más.
No es el tipo de películas que de entrada me llamen la atención. Siempre trato de huir de las pelis potencialmente deprimentes, pero así como trato de huir de las pelis malas de adolescentes gringos, siempre hay algo que me llama, una curiosidad, el título, algún actor, algo de la trama, o hasta el soundtrack. En este caso fue la nominación al Oscar para Melissa Leo como mejor actriz, y para la directora al mejor guión. Me tardé un rato en decidirme a verla, y no me arrepiento de finalmente haberme animado. La película me atrapó rápidamente, y aún sabiendo que no podía acabar bien (con ese título, ¡imposible!), terminé de verla, sin por un momento perder el interés.
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