jueves, 3 de enero de 2019

Eighth Grade

Kayla Day tiene 13 años, va en octavo grado, nuestro segundo de secundaria. Está llena de barritos, no tiene amigos, es súper tímida y tiene un canal de You Tube en donde da consejos a sus coetáneos. Consejos sobre ser uno mismo, tener confianza, salir al mundo, consejos que ella difícilmente sigue en su vida cotidiana. Y muere por pertenecer, por ser popular y tener amigos. Se la pasa tan enchufada al teléfono como los demás, dándole like a todo lo que hacen sus compañeros.

La escena estrella de la película es cuando es invitada al cumpleaños de la chica más popular. La mamá de esta la invitó y su papá la llevó. Y ahí está ella (por cierto la actriz, Elsie Fisher, que sí tiene esa edad, está súper bien), en traje de baño, encorvada, viéndolos a todos detrás de la puerta, y sale al jardín, y para ponernos más nerviosos e incómodos, la cámara la filma desde atrás, y ahí va ella caminando entre adolescentes que la ignoran por completo. Se tira al agua y se refugia en una orilla y respiramos aliviados con ella. Lo peor ha pasado.

Ella es tan torpe y tan incómoda como cualquier adolescente. Está llena de miedos e inseguridades y no ve que es una linda chica. Sus reacciones son tan cercanas, tan conocidas. El director Bo Burnham hizo un buen retrato de lo incómodo que es tener 13 años. Estamos invadidos de adolescentes seguros de sí mismos que salvan al mundo, que es realmente refrescante ver una historia tan sencilla y bien ilustrada sobre una niña que está tratando de averiguar cómo no ser una niña, cómo aparentar ser mayor, como aparentar ser más segura y más cool. Y no le sale del todo bien, está aprendiendo a conversar y tartamudea, repite frases, le salen respuestas extrañas. Lo normal, vamos.

En contraste, Kayla conoce a Olivia, que va en prepa. Es muy segura y desparpajada y la trata muy bien. Kayla conoce a sus amigos, la diferencia de edad es notoria, a pesar de que son como tres años.  

Kayla vive con su papá nada más, y lo alucina. El pobre padre trata de entablar conversaciones, bromear, le dice que es lo máximo, y la niña sufre y se mortifica. Hay una escena hacia el final que es bastante conmovedora en donde ella le pregunta que si él está triste porque ella es así, porque si ella tuviese una hija como ella, seguramente ella estaría súper triste. La respuesta del papá es la respuesta que toda adolescente querría recibir, segurísimo.

No es una película hollywoodense, así que no esperen una transformación brutal, ni un final feliz. El final es perfecto. A esa edad dos años de diferencia son muchos. Una cápsula del tiempo de dos años atrás con una Kayla más infantil y alegre le desea muchas cosas. La Kayla de ahora le habla a su Kayla de 18 años y es mucho más realista, que si tiene novio bien, que si no, no pasa nada; que si la prepa apestó, pues ya pasó y sigue la uni.
Conocer a Olivia, hacer un amigo, sincerarse con su papá, ella entiende ahora que esa edad apesta, pero que va a pasar. 
No es difícil entenderla, todos hemos estado ahí y conocemos a muchos en esa transición y los vemos con ternura y comprensión...y luego los queremos matar, cómo no, ¡algunos salen insoportables!

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